Maquillaje de fresa: qué hay de verdad detrás del look viral (y si aguanta una verbena entera)

Hace unas semanas, mi sobrina me enseñó su móvil con una cara ilusionada: «Sofía, mira qué maquillaje tan bonito, se llama de fresa». Yo, que llevo toda la vida en esto, no tenía ni idea de qué me hablaba. Así que investigué — y descubrí que no es un capricho pasajero, es de esas tendencias que de verdad merece la pena entender, aunque nunca te hayas maquillado más allá de un poco de colorete los domingos.

Empecemos desde cero: qué es esto del «maquillaje de fresa»

No hace falta que sepas nada de maquillaje para seguir esto, te lo prometo. El *strawberry makeup* (así, en inglés, porque nació en redes sociales americanas) es, sencillamente, un maquillaje que busca que parezca que acabas de pasar una tarde bonita al sol: las mejillas un poco sonrojadas, como si te hubiera dado el aire; los labios con un puntito de color jugoso, como si te acabaras de comer una fresa de verdad. De ahí el nombre. Lo curioso, y lo que a mí más me ha gustado, es que no busca ocultar nada de tu cara. Al contrario que otras modas de hace unos años, donde la piel tenía que verse perfecta y sin ningún poro a la vista, aquí la gracia está en que se note que eres tú, solo que con más luz. Se hizo muy popular porque una actriz y modelo conocida, Hailey Bieber, lo llevó en un vídeo suyo, y de ahí se extendió como la pólvora por Instagram y TikTok.

Cómo se consigue, explicado con calma

Aquí va lo importante, sin prisa y sin dar nada por sabido:

Antes que nada, la base de luz. Antes de hablar de color, hay un paso que casi nadie menciona y que es el que realmente marca la diferencia: preparar la piel para que refleje luz. Un producto que hace muy bien este trabajo es el Charlotte Tilbury Hollywood Flawless Filter (40€, en Sephora), una especie de «filtro perfeccionador» en formato líquido — ni es una base de maquillaje ni es solo un iluminador, está a medio camino: hidrata, suaviza el aspecto de la piel y deja un brillo natural, como si tuvieras la piel sana de después de dormir bien. Se puede aplicar solo, mezclado con tu crema hidratante, o en los puntos altos de la cara (pómulos, puente de la nariz) antes del colorete. Es una inversión mayor que el resto de productos de esta lista, pero si el maquillaje de fresa va de «piel con luz propia», este es el paso que de verdad lo consigue — el colorete y el tinte, después, son solo el toque final.

El colorete. Seguro que conoces el clásico colorete en polvo, ese que se aplica con una brocha grande. Pues para este look funciona mejor uno en crema — es decir, con una textura más parecida a una crema de manos que a un polvo suelto. Se aplica con los dedos, dando toquecitos suaves en la parte más alta de las mejillas y difuminando un poco hacia la nariz, como si el rubor viniera de dentro y no de fuera. Un producto sencillo y asequible para empezar es el NYX Buttermelt (unos 9€), o el Milani Cheek Kiss (unos 12€), que además sirve tanto para mejillas como para labios, así no tienes que comprar dos cosas distintas.

Los labios. Aquí es donde suele haber más lío con las palabras, así que te lo explico bien: un «tinte labial» no es lo mismo que una barra de labios de toda la vida. La barra deja una capa de color encima del labio, como pintar una pared. El tinte, en cambio, es líquido y lo que hace es teñir el labio por dentro, como si mancharas los labios de verdad al comer una fresa — de ahí, otra vez, el nombre. El resultado dura más porque no se queda «encima», sino que se mete en el color natural del labio. El Maybelline Teddy Tint (unos 9€) es de los más recomendados para empezar, y si quieres un puntito extra de brillo jugoso, puedes añadir por encima un gloss (un brillo de labios transparente o con un poquito de color) como el Maybelline Lifter Gloss (unos 9€). Y ya está. No hace falta nada más: ni sombras complicadas, ni delineados perfectos. Es, precisamente, la sencillez lo que ha conquistado a tanta gente.

Si quieres subir de nivel: la propia Rare Beauty, la marca de Selena Gomez (la persona que ayudó a popularizar este look), tiene sus propias versiones de estos productos: el Soft Pinch Liquid Blush (colorete líquido), el Soft Pinch Tinted Lip Oil (26€, con muy buenas reseñas: 4.1/5 sobre más de 1.000 opiniones) y el Positive Light Luminizing Lip Gloss (22€) — disponibles en Sephora. No hace falta gastar tanto para conseguir el look, pero si te apetece darte un capricho, esta es la opción con más reconocimiento del mercado.

¿Y aguanta una noche entera de fiesta?

Esta es la pregunta que de verdad importa cuando lo vas a llevar puesto muchas horas, no solo para una foto. El colorete en crema, con el calor y el baile de una noche de agosto en Madrid, puede que se vaya difuminando y necesite un pequeño retoque a mitad de la noche — nada grave, un toquecito con el dedo lo arregla. El tinte de labios, en cambio, aguanta mucho mejor que un labial normal: como se mete en el propio color del labio, sobrevive mejor a la cerveza, a la comida y a los besos en la mejilla de toda la noche.

Reflexión: lo que de verdad me gusta de esta moda

He visto pasar muchas tendencias de maquillaje, y la mayoría piden lo mismo: más pasos, más productos, más tiempo delante del espejo. Esta es de las pocas que pide justo lo contrario — y por eso creo que merece la pena, más allá de que esté de moda. Pero hay algo importante que casi nadie cuenta cuando enseña este look: funciona tan bien porque debajo hay una piel bien preparada. Sin una piel hidratada, ese «efecto luminoso natural» no aparece por mucho colorete que te pongas — se nota apagada, y el producto se acumula en vez de fundirse. El secreto real del strawberry makeup no está en el colorete ni en el tinte, está en los minutos anteriores: una piel bien hidratada es la que permite que después, con solo un toque de color, todo se vea vivo. No hace falta que te apuntes a esto porque lo veas en redes y sientas que «toca». Pero si alguna vez te has quedado mirando el espejo pensando que te falta algo sin saber muy bien qué, quizás sea justo esto: no más maquillaje, sino un poquito de color en el sitio justo, sobre una piel que ya está lista para recibirlo. A veces lo más bonito no es lo más elaborado — es lo que menos esfuerzo aparenta, aunque detrás tenga su técnica. Y esa, para mí, es la mejor lección que deja esta moda de la fresa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio